Respuesta a Libia: pecados y parálisis

21 marzo 2011

Etiquetas: cosa pública

Libia

Querido Horacio:

Te llevas las manos a la cabeza en tu artículo por la contradicción argumental de los críticos a la recién estrenada guerra (permite que la llame así en lugar de intervención militar, por hacer aprecio a tu consejo de no ser tan tiquismiquis con el léxico). Curiosamente, a renglón seguido ofreces un sabio consejo: es necesario aprender a vivir con contradicciones.

Por favor, amigo Mux, atiende mi petición. Necesitamos una palabra para designar a quien utiliza argumentos opuestos para defender la misma idea. ¿Cómo es posible que la contradicción desautorice a los críticos y autorice a los partidarios? Claro, es que unas contradicciones te gustan y otras no.

Vaya por delante que estoy de acuerdo contigo en tu segunda reflexión sobre la contradicción. La contradicción es necesaria, incluso enriquecedora. Si quieres, desarrollaré esta idea más adelante. Comparto también que alegar la existencia de otros dictadores (para ti la perra gorda) como argumento para oponerse a la intervención contra Gadafi, sin más matices, es imbécil.

Quería evitar la comparación con Irak, pero chico, es muy complicado. Reconozco que en aquel momento envidié muchísimo al Reino Unido. Blair tuvo en contra a la mitad de su partido, y a favor a la mitad de la oposición. Así que en su Parlamento hubo un poco más de argumentación y un poco menos de obediencia disciplinaria que en el nuestro. Qué le vamos a hacer, tenemos el sistema que hemos decidido tener. Un sistema que valora muy pobremente las contradicciones.

No participé en ninguna manifestación contra la guerra de Irak. Tampoco a favor, claro, porque no las hubo. ¿Has visto alguna manifestación con el lema "sí a la guerra"? Inconcebible. Las guerras, aunque se ganen, tienen un precio político. Fíjate en Churchill.

No asistí a ninguna manifestación, pero viví mi contradicción. Hasta el último momento creí firmemente en la existencia de armas de destrucción masiva. ¿Cómo no iba a creerlo? No había pruebas, claro, pero Sadam había expulsado a los inspectores de la ONU. Todavía hoy creo que el propio Sadam quería que todos creyésemos que tenía esas armas.

En cualquier caso, confié en nuestro gobierno. Y en otros gobiernos democráticos. Suelo hacerlo, ¿sabes? La duda metódica está bien, pero es agotadora. Uno no puede comprobar todos y cada uno los datos que se le ofrecen. El criterio de autoridad ofrece un respiro que es muy de agradecer.

En aquel momento confié. Luego me sentí profundamente defraudado, claro. Yo, que me creo medio listo (si me comparo; porque si me analizo, soy tonto perdido), tuve que reconocer que había pecado de crédulo.

No llevo mal que me quiten la razón, no creas. Al contrario. Soy discutidor, a veces tozudo, pero no contumaz. Cuando me demuestran que estoy equivocado, no me enfado. Antes agradezco que me hayan librado de mi error, y trato de tomar nota.

Mi error, en aquel momento, fue confiar sin preguntarme unas cuantas cosas. Ahora, francamente, necesito algunas respuestas antes de valorar esta guerra.

¿Es cierto que Gadafi reprimió brutalmente protestas civiles?
Puedes pensar que la duda ofende. La ONU lo da por sentado, y los periódicos también. Pero todavía no he visto una foto de ataques contra manifestaciones civiles. Mientras escribo, Carlos Alsina está entrevistando en la radio a Elena Valenciano, preguntando si hay pruebas de los ataques contra población civil. La diputada socialista ha dicho (copio textualmente): "Usted no está seguro y necesita pruebas. Yo no. Yo estoy segura. No necesito ver fotos de los muertos. No quiero verlas." Chico, chico, Horacio. Después de Irak, yo necesito pruebas.
¿Qué clase de revuelta ha habido en Libia?
No he visto imágenes de manifestaciones civiles reprimidas, pero sí unas cuantas de rebeldes armados con parafernalia militar. Vehículos con sistemas antiaéreos, AK-47... ¿Es una revuelta o una guerra? ¿Quién está armando a estos rebeldes?
¿Qué quieren los rebeldes?
La pregunta está muy relacionada con la anterior. Si están organizados como un ejército, ¿qué pretenden? Derrocar a Gadafi, claro. ¿Y luego? Han constituido el Consejo Nacional de Transición (CNT, ya es casualidad), que la Unión Europea ha reconocido como autoridad legítima en Libia. Pero, ¿qué pretenden? ¿Cómo sabemos que no van a ser como Gadafi o peores?
¿Cuál es el objetivo de la guerra?
Esta es la pregunta clave. La Resolución 1973 de Naciones Unidas autoriza la restricción del espacio aéreo, el embargo de armas y poquito más. Habla de la protección de los civiles en términos lo bastante amplios para justificar por los pelos el bombardeo de Bab el Azizia. Pero la coalición ya está dividida, dos días después de su formalización, por este asunto, y por declaraciones cruzadas sobre si Gadafi es o deja de ser un objetivo.

Es urgente que la coalición responda a esta pregunta. ¿Cuál es el objetivo? ¿Qué tiene que ocurrir para que los aviones, barcos y submarinos vuelvan a sus casas? ¿Basta con que Gadafi prometa portarse bien? ¿O es necesario que ceda el poder al CNT? ¿Quién es el CNT y qué legitimidad tiene?

Estoy de acuerdo contigo también en lamentar la puerilidad de algunos argumentos manidos. El petróleo, el imperialismo, esto y lo otro. Pero, oye, es que nuestras avionetas, nuestras góndolas y nuestro batiscafo están en Libia para defender nuestros intereses. Evitar un desabastecimiento de petróleo es uno de estos intereses, y de los gordos. No estamos en una misión humanitaria (para eso están los Cascos Azules) ni cumpliendo una resolución de la ONU o de la OTAN. La ONU autoriza a los Estados interesados a actuar en su propio nombre. Actuamos porque tenemos un interés. Tampoco creo que haya que acomplejarse por eso.

Resumiendo, si es que tal cosa es posible, no estoy en contra de la intervención. Pero no puedo estar a favor sin algunas respuestas.