Quincuagésimo artículo

1 marzo 2011

Etiquetas: inclasificable toñi, pichote y compañía

Foto: morgueFile

Cuarenta y nueve más uno, cincuenta. Cincuenta posts en cinco meses, lo que viene a dar un promedio que cualquiera puede calcular. No pensé, al escribir el Ministerio de Eufemismos, que esta aventura iba a durar tanto.

No porque no tenga fe en mí mismo, ojo. Precisamente suelo pecar por exceso de confianza. Pero mi anterior intento de blog había fracasado estrepitosamente y, claro, estaba escocido.

Un vistazo al calendario, en la columna derecha, basta para comprobar que mi publicación no es, lo que se dice, regular. Entre dos y veinte artículos al mes. Ahí es nada. Incluso la sección "palabro de la semana", que inauguré para forzarme a escribir al menos cada domingo, ha permanecido varios meses inactiva.

Pese a la falta de regularidad, estoy razonablemente contento con el resultado. El blog se ha convertido en una responsabilidad, pero no en un peso. Disfruto escribiendo. Los temas de actualidad o los comentarios de mis ínclitos lectores me sirven como excusa para escribir sobre lo que me apetece. Sobre temas que, en muchos casos, sería difícil tratar de otro modo. Es jodido ponerse a escribir, qué sé yo, sobre el rango dinámico de las emociones así, sin pan ni nada. Horacio, Diego, Chus y, muy especialmente, Toñi habéis constituido un auxilio esencial. Gracias.

Facebook ha tenido mucho que ver en la interacción con los lectores. No uso el genérico "las redes sociales", no. Digo Facebook. Por su nombre. El sistema de comentarios es fantástico. Los megusteos, aunque no lo parezca, son imprescindibles. Muchas veces el lector no tiene nada que comentar, pero un "Me gusta" es toda una satisfacción que me anima a seguir compartiendo mis pensamientos y paranoias. Como escribí hace poco, el botón "Me gusta" reemplaza parcialmente la sonrisa, el asentimiento, la mirada de aprobación o el aplauso, pero sobre todo permite un intercambio completamente nuevo. Cada comentario y cada megusteo se publica en el muro del lector, haciendo posibles nuevas visitas. Facebook ha hecho posible, sin lugar a dudas, la persistencia del blog durante estos cinco meses.

Las cifras, por si alguien tiene curiosidad, sitúan el blog en 9.000 páginas vistas y 2.300 visitas, promediando cerca de cuatro páginas por visita. Es decir, cada persona que visita el blog consulta, por término medio, cuatro artículos, invirtiendo cinco minutos. No está mal, me parece. El promedio diario viene a ser de 15 visitas y 60 páginas. Evidentemente, aquí la varianza es enorme. Cuando publico un artículo las visitas se disparan, y tras varios días sin escribir se reducen al mínimo.

El artículo más leído ha sido, curiosamente, No vale chupapostes (y II) o cómo colarse, con algo más de cuatrocientas lecturas. Sospecho que se debe, más que al interés del texto, a los veintitantos días que pasaron hasta que publiqué el siguiente. Durante casi un mes fue el artículo de portada.

La niña de mis ojos, sin embargo, es Dadach, la vieja y la burra. Cuenta algo menos de trescientas visitas y nada menos que setenta megusteos. Es decir, una de cada cuatro personas que lo han leído ha pulsado el botoncito. Pero hay un megusta muy especial: el del propio Dadach, quien, gracias al empeño de nuestro mutuo amigo Limgaifri, se ha ofrecido a narrarme más pasajes de su vida para que los ponga por escrito.

Resumiendo: gracias a todos, a todas y a Toñi por leer, por comentar, por criticar y por megustear.