Que paguen los más ricos

26 diciembre 2010

Etiquetas: cosa pública

Cartel de CGT

Hay algunos lemas que por lo simples, redondos y pegadizos se instalan rápidamente en el mobiliario ideológico de muchos. Me refiero al "no a la guerra", por ejemplo. Así, sin pan ni nada, no es un argumento, sino un simple deseo al que muy difícilmente puede uno oponerse. Es tramposo, infantil y demagógico. ¿Es que alguien va a decir "sí a la guerra"? Son necesarios un contexto, unas causas, unas consecuencias.

Hace ya años que no hay manifestaciones contra la guerra. Contra ninguna guerra. Y si las hay, son muy minoritarias, marginales, me atrevería a decir. Y no será porque no haya conflictos activos. Sospecho que la causa antibélica, simplemente, ha pasado de moda. Al menos en España.

Lo que está de moda es la crisis. Bueno, esto es frívolo. No quiero ofender a los millones de desempleados, desahuciados, autónomos y empresarios arruinados. Ni a los otros varios millones que ven peligrar su fuente de ingresos cada día. La crisis es una realidad grave. Muchas de las opiniones sobre ella, sin embargo, son frívolas, pueriles y estúpidas. La que se lleva la palma es "que la crisis la paguen los ricos". Esta consigna comparte con el "no a la guerra" su simpleza, su puntito romántico y su apelación a sentimientos más que a pensamientos.

Comprender la crisis es complicado. Requiere leer, en la mayor parte de los casos. Y no parece haber mucha gente dispuesta a semejante sacrificio. Ojo, aquí no hago distingos ideológicos. Son muchas, demasiadas, y a veces demasiado influyentes, las personas que prefieren no informarse, o informarse sólo en fuentes que intuyen que reforzarán sus ideas, las cuales suelen tener más que ver con la pasión que con la razón. A quienes prefieran estar informados les recomiendo los cinco artículos de Horacio sobre la crisis. Se leen en un rato, sobre todo si uno tiene hábito de lectura.

Volvamos a la frasecita. "Que la crisis la paguen los ricos". Está enunciada en subjuntivo, o en imperativo impropio. Este tiempo verbal presenta la particularidad de no poderse evaluar. Es decir, la frase no puede ser cierta ni falsa, por su propia gramática, ya que expresa un deseo o una orden. Por lo tanto, la tarea que me propongo, rebatir la oración, es más bien complicada. Pero no imposible. Recurramos a la lógica.

  • Si la sentencia no responde a un razonamiento, entonces es una mera yuxtaposición arbitraria de palabras. Fin de la cuestión.
  • Si la sentencia responde a un razonamiento, entonces tal razonamiento debe ser reductible a términos lógicos. Procedamos con un ejercicio de lógica inversa a ver dónde nos lleva. Voy a optar por los silogismos, que son muy agradecidos. Nuestra frasecita es la conclusión de un silogismo. Sólo necesitamos encontrar un par de premisas que nos lleven a esta conclusión.
Premisa mayor
Quienes causan una crisis deben pagar sus consecuencias.
Premisa menor
Los ricos han causado esta crisis.
Conclusión
Los ricos deben pagar esta crisis.

La lógica es impecable, formalmente. Sólo falta validar su contenido. Si las premisas resultan ciertas, la conclusión, irrefutablemente, lo será.

Premisa mayor

"Quienes causan una crisis deben pagar sus consecuencias". El verbo "deber" se lleva muy mal con la lógica, para qué vamos a decir otra cosa. Hay que matizarlo. ¿Qué clase de obligación impone? ¿Moral o legal?

Si hablamos de una obligación moral, apaga y vámonos. Aunque la menor resulte cierta, la conclusión estará siempre supeditada a la aceptación, en virtud de creencias o convicciones morales, de la mayor. Y, en cualquier caso, una convicción moral no puede, por sí misma, legitimar una acción colectiva. Si hemos quitado este privilegio a la religión, no ha sido para dárselo a otras doctrinas morales. Hasta ahí podríamos llegar.

Supongamos que hablamos de una obligación legal. En España solo existen, que recuerde, las infracciones penales, civiles y administrativas. Los demás países tienen un ordenamiento parecido, intuyo. Cualquier cosa que no esté expresamente prohibida, está permitida. Por raro que parezca, oye. Cosas de la garantía judicial y los derechos humanos, y esas minucias. La crisis, siendo a priori indeseable (ojo, solamente a priori), no está prohibida. No es ilegal causarla. Sí pueden ser ilegales algunas de las acciones que han conducido a la crisis. Pero habrá que juzgarlas una por una. Es lo que tiene la presunción de inocencia y todo eso. Ya sé, una lata. Cada ciudadano que se encuentre culpable deberá pagar en función de lo que dispongan las leyes. Ni un céntimo más, ni un minuto más de prisión. Ya sé, ya sé. Es un coñazo esto de la maquinaria judicial. Con lo bien que resuelven las cosas las turbas enfurecidas. Y es una lata no poder dictar leyes retroactivas. Pero es lo que hay. Cuando uno juega al parchís, conoce las normas de antemano. Cuando uno se mete a banquero o a promotor inmobiliario, también. Si las ha respetado, no se le puede condenar por haber ganado. Aunque haya actuado con mucha mala leche.

Premisa menor

Negada la mayor, no es necesario entretenerse en la premisa menor. Pero, mira, me apetece. "Los ricos han causado esta crisis". Sospecho que tras de esta afirmación, vacía y estúpida, se oculta un sucedáneo de pensamiento que entremezcla las causas con las consecuencias. Quienes han sufrido menos daños, o incluso se han beneficiado, son sin duda los responsables de la catástrofe que ha sobrevenido. Si aceptamos este argumento, que comience la caza de brujas. Si mi huerto tiene pulgón y el del vecino no, sin duda el vecino me ha traído la plaga. Escopetazo al canto.

Conclusión

Descartada la lógica, queda el sentimiento. Lo único que se me ocurre que puede haber detrás de la frase que nos ocupa es un odio visceral a los ricos. Hemos superado, al menos como comunidad, otros odios dirigidos hacia colectivos. Sigue habiendo personas racistas y sexistas, por supuesto. Pero el racismo y el sexismo merecen el rechazo unánime de la sociedad. No ocurre lo mismo con esta forma de clasismo.

Los ricos, como colectivo, reciben un trato diferente (peor) por el hecho de ser ricos. Sí, sí, ya sé que individualmente viven que te cagas. Eso va a ser porque tienen dinero y pueden comprar bienes y servicios a los que otros no accedemos. Cosas del mercado libre y tal. Pero, como colectivo, están estigmatizados. Tenemos muchos ejemplos. El último, el de los controladores aéreos. Aparte de las cuestiones legales sobre el estado de alerta (prorrogado de forma preventiva ante la prevención de un absentismo futuro, manda huevos), es indudable que en los mentideros, por no hablar de los espacios informales (vulgo barra de bar y redes sociales), pesa más lo abultado de la nómina de uno de estos asalariados que el fondo de sus reclamaciones. Los controladores han perdido la batalla mediática antes de empezar, simplemente por cobrar mucho dinero. Algunos presuntos líderes de opinión insinúan que las personas que cobran más tienen menos derechos laborales, y se quedan tan frescos.

Voy a terminar con una referencia a un artículo de Salvador Sostres. Ya sabéis, este tipo que se hizo tan odiado en Aragón tras su artículo España después de Labordeta. Por cierto, en aquel momento dije, y mantengo, que Sostres no insultó a Labordeta, mucho menos a los aragoneses. Este señor será todo lo antipático que se quiera, pero en este artículo en concreto sólo combatió ideas con ideas, y a cambio recibió descalificaciones personales en casi todas de las 1.852 respuestas publicadas. Claro que seguramente es lo que pretendía, obtener notoriedad a cualquier precio. Eso de "lo importante es que hablen de uno, aunque sea bien". Pero vamos a lo que vamos, que me pierdo por las ramas.

En esta ocasión quiero recomendar otro artículo de Sostres, también muy conocido: Una huelga de empresarios. Extracto una perla:

"Las crisis, que son siempre culpa de los pobres, las acaban pagando siempre los ricos, entre otras cosas porque son los únicos que tienen dinero para pagar. Un pobre, ya me contarás qué va a pagar."

Vaya por delante que no lo suscribo. Pero, disparate por disparate, al menos la opinión de Sostres se sustenta en argumentos. Débiles, parciales, contaminados y simples. Pero argumentos. Nuevamente, la respuesta que recibe es instintiva e irracional. Así no vamos a ninguna parte.

Seguramente hay que revisar muchas cosas. No sé si tanto como refundar el capitalismo, pero sí tenemos que construir un mundo mejor, corregir injusticias, imaginar maneras coherentes de limitar la codicia y la concentración de poder en unas pocas manos, diseñar estructuras adecuadas a un mercado global. Se ha hecho en el pasado y podemos volver a hacerlo. No sé cuál es el mejor camino; seguramente hay muchos. Desde la reforma hasta la revolución. Pero sé exactamente cuál no es el camino: la ignorancia militante y el odio de clase. Así no se refunda una mierda.