Out is out

7 julio 2016

Reconozco que me caen mal los británicos. Que de todo hay, claro que sí. Podría decir, en aras de la corrección, que respeto a los súbditos británicos individualmente y que es la idea del pueblo britántico en su conjunto la que me tuerce el gesto. Pero, para provocar, que siempre me pone más, diré más bien que respeto muchísimo al pueblo británico, siendo sus ciudadanos, de uno en uno, los que me dan repelús.

Y es que lo que no me esperaba es todo este lloriqueo. Millones de firmas para modificar las reglas de monopoly a toro pasado. Y la manifestación, claro. ¿Quién puede pretender en serio que un Parlamento se deje influir más por una manifa que por un referendo? El colmo del despropósito, algo muy cacareado en mentideros y redes sociales, es el hecho -no demostrable- de que los jóvenes han votado mayoritariamente por el remain, utilizado como argumento de no sé muy bien qué. ¿Acaso alguien pretende que el voto de un viejo valga menos que el de un joven? Lo que hay que oír.

El Reino Unido tiene dos opciones: respetar el resultado del referendo o no hacerlo. Recuérdese que no era vinculante, como no suelen serlo en las democracias parlamentarias. Si el Parlamento quiere tomar una decisión contraria al resultado de la consulta, que se apañen con sus electores.

Lo que sería inaceptable es que la activación del artículo L del Tratado de la Unión se eternizara. Cameron debería someter al Parlamento esta activación de inmediato. ¿Qué es eso de dejarlo en manos de su sucesor? El Pueblo ha hablado y el Parlamento debe mojarse de inmediato: o cumplen el mandato recibido o no lo hacen. La respuesta es muy fácil y no puede dilatarse. Por respeto a los ciudadanos.

Out is out. Fuera. A cascala. A tomar por culo. De la UE, del Espacio Económico Europeo y, si se ponen tontos, de Eurovisión. El Reino Unido lleva desde el minuto en que entró a la UE poniendo condiciones y exigiendo un trato diferente. Ya basta. Ni un minuto más. A liquidar cuentas, que el último funcionario comunitario abandone el suelo británico y, al día siguiente, nos ponemos a negociar posibles colaboraciones desde cero. Borrón y cuenta nueva. Pero que persista el borrón.

Si fuera diplomático, terminaría diciendo que un brexit rápido y sin anestesia es lo mejor para los que se van y para los que se quedan. Pero no. Para los británicos va a ser mucho peor. Por eso los jerifaltes de Londres se van a hacer el remolón todo lo que puedan. Y por eso espero que los que nos quedamos y quienes nos representan tengamos tolerancia cero. Porque la Unión Europea tiene una responsabilidad con nosotros y no con ellos. No podemos, no debemos pagar la factura a escote. La deben pagar ellos en su totalidad. Quienes han votado sí y quienes han votado no. Eso es democracia.

El cabreo de Escocia lo entiendo. Pero nada de ponernos blandos. Primero se van de la UE como está mandado. Para eso votaron hace tres días permanecer en el Reino Unido: para aceptar las decisiones comunes sin rechistar. A las duras y a las maduras. Y luego, si quieren, se independizan. Y completan el proceso de independencia. En total, de cinco a diez años. Y ya entonces hablamos. Si quieren entrar en la UE, a la cola y sin privilegios.

Y lo de Irlanda del Norte, ya veremos. Allí todo suele ser más complicado, porque hay como mínimo tres opciones. Espero que no llegue la sangre al río.