Niños anuncio

18 octubre 2010

Etiquetas: cosa pública infancia y juventud

Shirley Temple

De vez en cuando se pone de moda el asunto del trabajo infantil en los mentideros y tertuliódromos. La condena suele ser unánime, aunque se establece una jerarquía: explotación sexual, minería, talleres textiles, farándula y economía familiar. Algunos lo meten todo en el mismo saco. Otros, no. Como soy de los de la pañoleta, voy a soltar mi opinión a bocajarro y luego, si eso, ya la matizaré: los niños pueden y deben trabajar. Y además, sin cobrar.

Me parece fetén que los chavales tengan sus responsabilidades. Poner la mesa, barrer el comedor, ordenar su habitación, fregar los platos, limpiar el coche familiar, despedregar el huerto y tareas por el estilo. Es muy pedagógico y todo eso. Sobre todo si ven que sus parientes y sus marientas hacen lo propio.

Claro que en algún lugar habrá que situar el límite de lo admisible. No es lo mismo echar una mano puntualmente en la tienda de ultramarinos de mamá que tirarse seis horas al día despachando tomates después del colegio.

Pero de lo que quería hablar, que me voy por las ramas, es de la publicidad. Y me la trae floja cuánto cobren los niños actores. Me repatean los anuncios donde salen esas criaturas, que además suelen ser más cursis que un guante. Me pregunto en qué húmedo sótano centroeuropeo se han criado los publicistas que tratan apelar a vaya usted a saber qué oscuro sentimiento capaz de hacernos creer que un producto es mejor porque lo recomienda alguien que es inmaduro por definición. No sé quién me da más pena, si los presuntos creativos que diseñan estos anuncios o los presuntos consumidores que conceden más credibilidad a un niño que a un adulto. Y aquí me da igual que quieran vendernos un coche o los Objetivos de Desarrollo del Milenio. La estrategia es igualmente mezquina.

El último vídeo de Ciutadans, que incluye en su reparto a un churumbel que no levanta dos palmos del suelo, es un ejemplo. Precisamente Ciutadans, con la que armaron (con razón) cuando el esperpento aquel de la Plataforma Pro Seleccions Catalanes. Algunos puritanos ponen el grito en el cielo porque el chaval va en pelotas. Personalmente, me daría lo mismo que fuese vestido de esquimal. Lo de mezclar niños y política lo llevo especialmente mal. No me gusta verlos en las manifestaciones de ningún signo. Ni que los candidatos los besuqueen. Ni las fotos de familia, vayan las niñas vestidas de miembros o miembras de tribu urbana o de lagarteranas. Ni siquiera me hace gracia la niña de Rajoy, aunque sea virtual.