Los más chulos del patio

2 octubre 2010

Etiquetas: cosa pública

Si yo lo intento, cojones. Intento creer en las fuerzas de seguridad. Trato de darles siempre el beneficio de la duda cuando me vienen contando supuestos abusos, registros arbitrarios o episodios de chulería rancia. Siempre defiendo a los del uniforme. Que si hay que comprender lo difícil de su trabajo; que si es razonable, estadísticamente, que pidan la documentación a personas con según qué pintas; incluso procuro omitir el hecho científico de que los más tontos de la clase son de mayores policías. Pero luego pasa lo que ha pasado hoy y se me queda cara de gilipollas. Que se defiendan solitos.

Resulta de una pareja de guardias municipales de Zaragoza va a tomar su cafelito y, para llegar antes, mete el coche patrulla en contradirección. Varios vecinos les afean la conducta y la cosa se salda con dos denuncias y varios registros. Vergonzoso.

Pero esto no es lo más grave, no. Hasta aquí, no es más que la actitud chulesca y prepotente de dos gilipollas. Dos garbanzos negros, podríamos creer. Un caso aislado. Pero no, señores. Lo grave del asunto es que los muy valientes han pedido refuerzos, y se han juntado cinco coches patrullas en un momento, oiga, que se conoce que no tenían nada mejor que hacer. Me parece estar oyendo la emisora:

--Atención a todas las unidades. Tenemos un siete cuatro seis en Zurita con Sitios.

--¡Siete cuatro seis! ¡Estorbar el café de un agente de policía! Vamos allá.