Listas entreabiertas

23 mayo 2011

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Querida #hashtag:

Mira que yo soy moderno que te cagas y cibernético de la muerte, pero a mí eso de hablar con una etiqueta no me alimenta. No sé si me explico. He repetido por activa y por pasiva lo simpáticos que me resultan el #nolesvotes, la #democraciarealya y el #15M (que, como aclara Irene, no son lo mismo). Pero claro, cuando no hay portavoces, ni firmas, ni nombres ni deneís, pues cualquiera se aclara.

Primero recibo un a modo de manifiesto que ya me olió a hoax desde el principio, más que nada por las referencias a Chanquete y Fuenteovejuna y por las irresponsabilidades y contradicciones que se daban cita. Ahora la web "oficial" de #democraciarealya ha publicado sus propuestas, pero claro, ¿quien es #democraciarealya? Lo único que he averiguado es que el titular del dominio democraciareal.es es el Colectivo de Educador@s en Barrio Arrabal, de Jerez. No es mucho.

Las propuestas de #democraciarealya se enmarcan, en mi humilde opinión, dentro de lo previsible: coherentes entre sí, sin grandes contradicciones, algo inmaduras y muy irresponsables. Francamente, yo tampoco querría ser su portavoz.

En cualquier caso, amiga #hashtag, me gustaría saber qué piensas de las listas abiertas y el distrito electoral único. Más que nada porque, siendo una de las propuestas más coreadas, me sorprende que se haya caído del documento. Si te parece, por si acaso recuperas la idea más adelante, te voy a dar mi opinión, ampliando la que ofrecí hace algunos meses.

No tengo nada que objetar, en principio, a que, en unas elecciones generales, un ciudadano de Portugalete pueda otorgar su voto a una candidata de Guarromán; uno es así de intercultural y jacobino. Tampoco me escandaliza poder elegir, como en las elecciones al Senado, a varios candidatos, incluso de formaciones distintas. Pero tengo serias dudas de que estas reformas puedan traer alguna mejora sustancial. Más bien opino lo contrario.

Visualicemos un paisaje con un distrito electoral único y listas abiertas. Pongamos un partido con suficientes votos para obtener diez o doce escaños que, con el actual sistema, se queda en una representación mínima por no contar con un electorado muy concentrado en una determinada comunidad autónoma. Lo suyo sería que este partido presentara una lista con 350 nombres (ya que hay 350 escaños en el Congreso de los Diputados). ¿Cuántas equis podrá poner el elector? ¿Una? ¿Diez? ¿350? Podríamos tener en la misma lista un candidato con votos suficientes para cincuenta escaños (es decir, el 98 por ciento de sus votos habría ido "a la basura") y otros 349 que no alcanzasen el mínimo de votos para un escaño (otros chopocientos votos "a la basura"). Esta situación sería mucho más probable con un número de votos por elector menor al de escaños (es decir, puedo poner diez cruces y hay 350 escaños), pero también sería posible, en teoría, en la situación contraria (puedo marcar 350 cruces para 350 escaños).

Está bien que el sistema electoral sea lo más representativo posible, pero si nos centramos en conseguir que "una persona, un voto" se aplique como un principio matemático, estaremos olvidando la representación de los territorios. Sí, ya sé que el Congreso no es una cámara territorial. Pero si se trata de mejorar la representación de la ciudadanía en el Parlamento, ¿no es mucho más cercano el modelo de circunscripciones? Bien que mal, todos los partidos tienen una estructura territorial, llámense delegaciones, federaciones o comités, o bien partidos independientes de ámbito autonómico integrados en una federación estatal. También todos los partidos, aunque a veces luzca poco, se rigen de forma democrática. Los candidatos de cada circunscripción (provincia) son elegidos por los militantes de la misma circunscripción. Vale, no siempre es una elección directa, con primarias y todo el bonete. Pero, aunque se trate de una elección ejecutiva, el órgano ejecutivo ha sido elegido por los militantes en Asamblea. Resumiendo, garantizamos que el Parlamento tenga miembros residentes en, o procedentes de, o al menos relacionados con, todas las provincias de España. Cosa que, con una circunscripción única, sería bastante complicada.

Para que no me acuses, querida #hashtag, de criticar las propuestas de otros sin ofrecer alternativas, voy a contarte cómo creo que podríamos construir un modelo más representativo. No hablo de representación matemática, sino de mayor vinculación entre electores y parlamentarios.

Se trata, como habrás adivinado, de un sistema de corte anglosajón, que puede resumirse en tres puntos:

  1. Una circunscripción, un parlamentario. Las circunscripciones podrían ser comarcas, pueblos o barrios. Se producirían aparentes diferencias numéricas en el valor de cada voto, pero no hay que confundir diferencia con injusticia; a cambio, todos los ciudadanos podrán estar mejor representados y ejercer mayor control sobre los parlamentarios.
  2. Cada parlamentario está obligado a mantener su residencia y una oficina en su circunscripción, así como a recibir, mediante un sistema de agenda pública, a los electores que lo soliciten.
  3. Queda abolida la disciplina de partido. Los parlamentarios no deben votar obligatoriamente lo que les diga su organización, por muy democrática y asamblearia que esta sea. Los parlamentarios no se deben a su organización, sino a sus electores.

Puede alegarse que "se tiran muchos votos a la basura". Y dale con la basura. Vale, si en mi barrio se elige un parlamentario con el 35% de los votos, el 65% restante de votos no sirve para nada. Pero el 65% de los ciudadanos que han votado por otros candidatos sabrá que el que finalmente ha ganado es su representante y tiene la obligación de recibirle.

El sistema podría acentuar todavía más el bipartidismo, como ocurre en el Congreso de EEUU. Hay que decir que en este caso concurren otros factores, como unas circunscripciones enormes (Estados del tamaño de países de la Unión Europea). En todo caso, el bipartidismo no es necesariamente malo, mientras todas las sensibilidades puedan estar representadas. Si Jacinto Pichote es un candidato valorado por sus vecinos, será parlamentario y podrá oponerse, si así le parece, a la corriente principal de su partido. Su partido podrá llamarle a filas, incluso expulsarle si se opone radicalmente a los principios fundamentales. Pero Jacinto podrá volver a ser diputado, como independiente o bajo otras siglas, mientras sus electores (sus vecinos) lo deseen. Si cree conveniente pactar y alejarse de la postura mayoritaria entre sus electores, lo puede hacer. No faltaba más. Pero, por la cuenta que le trae, se preocupará de dar las explicaciones oportunas a quienes tienen en su mano volver a elegirle en las próximas elecciones.

Esto es parlamentarismo. Lo es y lo parece, como la esposa del César. A muchas personas les asusta porque siguen concibiendo la filiación política como la afición a un equipo de fútbol: hay que ser del Betis, o del Logroñés, desde la cuna hasta la muerte, sin un ápice de duda y manque pierda. Se ataca a quien cambia de opinión ("¡chaquetero!"), como si no haber evolucionado desde la adolescencia hasta la vejez fuese un valor del que presumir. Y luego nos extrañamos de que los políticos corruptos sigan ganando elecciones. "¡Manque pierda! ¡Manque robe! ¡Es mi partido! ¡Mi equipo! ¡Mis colores!"