Humildes opiniones (ex cátedra) sobre Alemania

1 febrero 2015

Etiquetas: alemania cosa pública toñi, pichote y compañía

German Stereotypes

Querida Toñi:

Como sabes, hoy hace exactamente tres años que hice las maletas y me vine a Alemania, Pepe. En este tiempo ha pasado de todo, cosas horribles (que me callo) y cosas maravillosas. Lo más importante ha sido, claro, Oscar (la tilde es en este caso potestativa), mi primer hijo (y de mi señora). Así que me hallo convertido en un pater familias centroeuropeo y burgués que trabaja como consultor, sin corbata, para una multinacional de la alimentación. Manda huevos.

Me has pedido muchas veces que escribiera sobre Alemania. No lo he hecho porque, naturalmente, no conozco el país. Tres años no es suficiente. A lo sumo he llegado a conocer, poco y mal, los lugares donde he vivido y trabajado y a las personas con las que he convivido. Esto me ha hecho reflexionar, de paso, sobre lo poco que conozco España.

Pero, con ocasión de este aniversario, y por los viejos tiempos, voy a complacerte. Voy a hablar de Alemania. O, por ser más específico, de la cuenca del Rin-Ruhr, la región industrial más poblada y más próspera de Europa. Lo voy a hacer desde mi humilde experiencia, pero utilizando tópicos manidos e infundados, groseras generalizaciones y afirmaciones gratuitas y prepotentes, que constituyen la forma más eficiente de describir una realidad compleja.

Los alemanes son individualistas. Mucho. Muchísimo. Pero no son egoístas. No más que los españoles, desde luego. Tienen una extraña, casi cómica, necesidad de silencio, paz, tranquilidad y espacio privado (Ruhe). Les apasionan el orden y la rutina. Construyen cobertizos individuales a modo de garajes para no tener que compartir espacio con el vecino en un aparcamiento colectivo que sería, sin duda, mucho más económico. Todos tienen un jardín, aunque sea diminuto, para que los niños no tengan que jugar en el parque con otros niños. Esta obsesión por el orden y la privacidad la rompen solamente en tres ocasiones: cuando están vacaciones en Mallorca (entonces se comportan como cerdos ingleses), en Carnaval (entonces se comportan exactamente como españoles) y cuando Alemania gana el mundial de fútbol (entonces circulan con sus coches media hora tocando el claxon y vuelven ordenadamente a sus casas).

Los alemanes son ahorradores. Mucho. Demasiado. Algunos economistas advierten de que la principal amenaza potencial a la economía alemana es el exceso de ahorro. Son un poco como los catalanes; valoran mucho el céntimo. Pero son generosos, ojo. Cuando dos parejas comen en un restaurante, pagan siempre por separado. Pero también dejan propinas, a veces del treinta por ciento, por separado. Tendrá algo que ver, digo yo, con la ética protestante esa. Las cuentas claras y luego, a ser generosos si procede.

Nunca he visto ni espero ver en España un Porsche en la puerta de un supermercado Lidl. En España, si alguien tiene dinero para un Porsche, también tiene a alguien que le haga la compra. O compra en El Corte Inglés por lo menos. O va al Lidl, pero con el Ford Fiesta, de incógnito. En España las prioridades son así: cañitas todos los días, comer bien, asistenta, vacaciones y luego, si aún queda algo, cochazo. En Alemania, sin embargo, ves el Porsche o el Q7 en la puerta del supermercado más barato. Adoran las ofertas, las promociones y los cupones. En general, huyen del lujo y la ostentación, salvo en lo que respecta a los coches. Aquí las prioridades son: coche, vacaciones, cochazo, asistenta, coche para el niño, cañitas y comer, bien o mal.

Ojo, que la comida, lo que se dice el producto, es buena. Pero aburrida, monótona, sin gracia, tediosa y, claro, barata.

Lo de las vacaciones es curioso. Los alemanes son lo que más viajan, no ya de Europa, sino posiblemente del mundo. Cada uno según sus posibilidades intelectuales y sus inquietudes pecunarias, claro. O al revés. Las clases trabajadoras van todos los años a un hotel de pulserita en Mallorca, Túnez o Turquía. Sospecho que a veces creen que están en Turquía pero están en Mallorca. Pero les da igual. Quienes tienen más posibles cruzan el charco todos los años, normalmente a Asia o América. Una vez más, es una cuestión de prioridades. Conozco gente que ahorra todo el año en comida, calefacción, ropa (los mercadillos de segunda mano causan furor) e incluso en cerveza, con tal de irse tres semanas a Japón, Bolivia o Tailandia.

Los alemanes, querida Toñi, tienen unos sueldos que te cagas. Aquí ganamos el doble que en España por el mismo trabajo. Los impuestos directos son un poco mayores, aunque depende de tramos y tal y cual, como siempre. Claro que hay salarios basura, pero son menos frecuentes y menos basura que en España. ¿Sabes por qué ganamos más? Aparte de razones culturalsociohistóricoeconómicoestructurales; aparte de que trabajamos mejor (somos productivos que te pedes); aparte de un sistema educativo que desincentiva la sobreproducción de titulados universitarios y favorece la formación media de calidad (equilibrando oferta y demanda laboral); aparte de que los convenios sectoriales y colectivos son minoritarios y se lleva más la negociación individual; aparte de todo esto, Toñi, cobramos más que vosotros por una razón muy sencilla que casi nadie menciona. Aquí las empresas son grandes tirando a enormes. Y es un hecho probado que el salario por el mismo trabajo aumenta en proporción directa al tamaño de la empresa. Por cierto, que la precariedad laboral, en sentido lato, suele ser mayor cuanto menor es la empresa.

Por eso me parece a mí, Toñi, que os están tomando el pelo en España con tanto incentivo a los emprendedores y a las PYMES. Que así no vais a salir de pobres.

Vale por hoy. Otro día más y mejor. Espero que te haya picado un poco.