Fukushima 50

15 marzo 2011

Etiquetas: inclasificable

Fukushima

Las predicciones a posteriori soy jauja, oye. Los mentideros se han llenado de expertos en energía nuclear, de esos que cada día son expertos en una disciplina distinta, diciendo que claro, que a quién se le ocurre poner una central nuclear junto al mar. Que luego viene el tsunami y nos jiñamos.

No seré yo, desde luego, quien tire la primera piedra. Cuando escribo en el blog --sobre lo que me da la gana-- trato de aplicar mi mucho o poco sentido común para combinar cuatro recuerdos y dos argumentos con una somera documentación a la Wikipedia. Así que sería hipócrita criticar a los periodistas por hacer lo mismo que yo, máxime cuando lo hacen, en general, muchísimo mejor.

Habitualmente me resisto a comentar temas de candente actualidad. Suelo dejar que los temas que me interesan se enfríen un poco mientras me formo una opinión clara. Lo cual no ocurre siempre, por cierto. Así que, cuando creo que no puedo aportar nada a un asunto, simplemente no escribo.

Creo que, cuando se supere el estado de alerta en Japón, dedicaré algún tiempo a estudiarlo. Me fascina el comportamiento de esta sociedad. Esta misma tarde un corresponsal contaba que muchas personas contaban que les gustaría huir de las zonas próximas a Fukushima, pero no lo hacían porque tienen que ir al trabajo. ¡Porque tienen que ir al trabajo! Esto no es disciplina; es lo siguiente.

Pero, como decía, voy a esperar unos días. O semanas. La tragedia de Japón todavía no ha terminado.

Sin embargo, sí quiero reflexionar un instante sobre medio centenar de personas. Y quiero hacerlo ahora, antes de conocer cuál va a ser su destino. La prensa ya les está bautizando: The Fukushima 50 o los Héroes de Fukushima. Son los últimos técnicos que permanecen en la central, tratando de mantener el núcleo refrigerado para evitar que reviente medio Japón.

No sé gran cosa sobre ellos. Ignoro cuántos hombres y cuántas mujeres son. Si tienen familia. Si son voluntarios o no. Si cobran mucho o poco.

Ni siquiera sé si son héroes. Sólo sé que están en la central nuclear, haciendo su trabajo, jugándose el pellejo para salvar miles, quizá millones de vidas.

Sólo sé que, si yo viviera cerca de Fukushima y no me hubiera marchado al sur porque mañana tuviera que ir a trabajar, al tomar mi dosis de yodo y ponerme la mascarilla para salir a la calle, pensaría un momento en ellos. Y confiaría en que van a hacer cuanto esté en sus manos. Porque, igual que yo, tienen trabajo que hacer hoy.