El rango dinámico de los sentimientos

30 diciembre 2010

Etiquetas: cosa pública

Foto: morgueFile

El rango dinámico es uno de los conceptos básicos de la fotografía. En pocas palabras, se define como la variedad de iluminación que el carrete o el sensor digital es capaz de captar en una escena. Si la composición tiene zonas muy iluminadas y otras muy oscuras, no podremos captarlas todas con detalle. Perderemos textura en las sombras (que quedarán negras, "empastadas") o en las luces (que quedarán blancas, "quemadas").

Ocurre lo mismo con el ojo humano. Cuando vemos a una persona a contraluz, por ejemplo. No distinguimos su cara, pero no porque no tenga suficiente luz, sino porque otra parte de nuestro campo de visión está demasiado iluminada. Si nuestra pupila se dilatara los suficiente para ver el rostro con detalle, la luz trasera llegaría con tanta fuerza que nos dañaría. Como cuando alguien enciende la luz una vez que estamos acostumbrados a la penumbra.

Sospecho que, cuando se trata de sensaciones no visuales, experimentamos algo parecido al rango dinámico. Es imposible captarlo todo; de modo que nos adaptamos a unos determinados niveles. Así, si un perro te está arrancando una oreja de un mordisco, es harto difícil que adviertas que una mariposilla se te ha posado en la otra. No es momento de sutilezas.

Algo parecido ocurre con otras sensaciones no físicas. Los sentimientos de compasión o solidaridad, por ejemplo. Supongo que todo el mundo se ha preguntado alguna vez cómo es posible que, muriendo cada año millones de niños por malnutrición en todo el mundo, no pasemos los días y las noches llorando por ellos. Al fin y al cabo, a todos nos entristece que un niño muera de hambre. ¿Somos insensibles? ¿Será verdad eso de "ojos que no ven"? Quizá, pero me parece que también tiene mucho que ver con el rango dinámico. Si tenemos la "pupila emocional" acomodada a los matices de las sombras, situaciones cercanas y concretas, nos resulta difícil acomodar nuestra sensibilidad a las luces brillantes, realidades de ámbito global que afectan a millones de personas.

También ocurre a la inversa. Es razonable pensar que las personas acostumbradas a preocuparse de grandes catástrofes, como hambrunas, guerras o huracanes, tienen una mayor dificultad para tomarse en serio asuntos mucho más cotidianos, como las listas de espera para operarse de varices o la falta de puntualidad del autobús.

Entiéndaseme (cómo me ponen las sobresdrújulas): no estoy tratando de defender que una postura sea preferible a la otra. En cada contexto, en cada escena, con la apertura adecuada de la "pupila emocional", cada problema tiene la misma importancia relativa. Ocupa la misma tonalidad de grises, con los mismos matices.

Otro ejemplo, quizá más acertado, es el de la narrativa. Si uno lee un libro de historia militar, se adapta al rango dinámico de lo que allí se cuenta. Grandes batallas, ejércitos de decenas de miles de personas, muertos que se cuentan por millares y consecuencias que perduran durante siglos. Cuando el mismo lector se entrega a una novela intimista, se adecua igualmente a lo que allí se narra, y puede conceder a un episodio de celos conyugales la misma importancia que antes otorgaba al desembarco de Normandía.

Os estoy soltando este coñazo porque Chus, que aunque lo niegue es ávido lector de este blog (te tengo fichado, eres el único que me visita desde allá) me sorprende cuando escribe con noticias de Bolivia.

No me sorprende por las noticias en sí mismas. Al fin y al cabo, son las mismas que pueden leerse en los medios españoles o en Internet. Me sorprende por la forma en que las relata. Con emoción, con auténtica preocupación y al mismo tiempo con una capacidad enorme de relativizar, de contextualizar lo que está ocurriendo y de no emitir juicios a la ligera. Puede analizar las consecuencias para el país de la retirada de la subvención a los hidrocarburos sin perder de vista la situación particular del boliviano que se ha quedado tirado en un aeropuerto. Con sensibilidad pero sin sensiblería.

Chus tiene una rara habilidad para adaptarse al terreno que pisa en cada momento. Incluso para prever el que va a pisar a continuación. Su "pupila emocional" es asombrosamente elástica. Supongo que tiene un rango dinámico mucho más amplio que lo habitual.

Sospecho que esta cualidad es algo que se puede entrenar. Y que vale la pena, además. Se puede aprender a apreciar los matices de las sombras más oscuras y de las luces más brillantes al mismo tiempo. No desdeñar a la ligera ningún asunto por pequeño y trivial ni por inabarcable. Aprender a afrontar los pequeños problemas rutinarios con la importancia que realmente tienen en su contexto, en su escena, sin renunciar a actuar sobre los grandes problemas globales que en apariencia, sólo en apariencia, son mucho más importantes.