El paro juvenil (diálogo para besugos)

14 abril 2011

Etiquetas: diálogos para besugos

--Buenos días.

--Buenas tardes.

--¿Es usted obediente?

--No, señora. Yo soy dependiente.

--¿Y de qué depende?

--Del cristal con que se mire. Ya sabe lo que dicen.

--No sabría decirle. ¿Qué dicen?

--Dicen muchas cosas. Unos dicen que esto, otros que lo otro. Usted, por ejemplo, no sabe qué decir.

--Pues no le falta razón. Pero no me ha contstado. ¿De qué depende usted?

--De cobrar a final de mes, como todos.

--Todos no. Yo cobro el día cinco.

--¡Qué suerte!

--A final de mes, sí. Pero no vea lo duros que se me hacen los comienzos.

--Los comienzos siempre son duros. Mi cuñada siempre lo dice. Desde que montó la panificadora.

--¿Y hace mucho que su cuñada tiene negocio propio?

--Treinta y cuatro años. Pero siempre dice lo miso. Los comienzos son difíciles, ya sabe.

--Ya veo.

--¿Qué ve?

--Veo muchas cosas. Que todo el mundo obedece, por ejemplo.

--¿Y eso es malo?

--No sé. ¿Por qué iba a ser malo?

--Lo dice usted como con resignación.

--Es que no sé si es malo, pero es raro. ¿No le parece?

--Quizás. Aquí, sin ir más lejos, está prohibido fumar, y usted no está fumando. ¿Eso es raro?

--Es que yo no fumo.

--Así no tiene ningún mérito obedecer.

--No digo que tenga mérito. Digo que es raro.

--Tampoco me parece raro que no fume usted.

--Usted siempre va al caso concreto. Que si la cuñada, que si la panificadora, que si la abuela fuma.

--Usted no es mi abuela.

--Tampoco fumo.

--Pues no ha dado ni una, oiga.

--Oigo.

--¿Qué oye?

--Por este oído, zumbidos, sobre todo.

--¿Y por el otro?

--Por el otro le oigo a usted.

--¿Y cuando no está conmigo?

--Pues entonces oigo a otras personas.

--¿Y qué dicen?

--Que todo está muy mal. El paro, por ejemplo. La crisis. Y esas cosas.

--Los números cantan.

--¿Usted canta?

--Qué va. Lo mío es la sastrería.

--¿Se gana la vida con eso?

--Sí. Desde los catorce años.

--Hoy en día eso es raro.

--¿Los chavales de hoy en día no tienen catorce años?

--Durante una temporada, sí. Pero no trabajan. A veces hasta mucho más tarde. ¿No sabe que hay mucho paro?

--Ahora que lo dice... Me suena que mi hijo se queja de eso.

--¿Su hijo está en el paro?

--Creo que sí, pero no me haga mucho caso. Siempre me dice que no me meta en su vida. Está en una edad muy mala, ya sabe. Veintiocho años.

--No veo yo tan mala esa edad. A los veintiocho me casé yo.

--Eran otros tiempos.

--¿Es que ahora no se casan?

--A veces sí, pero también piensan en otras cosas.

--¿En qué piensan?

--No lo sé. Nunca me lo han dicho. ¿Usted tiene hijos?

--Cuatro o cinco. Algunos van a la universidad.

--¿Son obedientes?

--Creo que sí. No se meten en líos. Pero la mayor es mala estudiante.

--¿Por qué no trabaja?

--Porque está estudiando.

--Pero no se le da bien estudiar.

--Oiga, no hable así de mi hija.

--Usted perdone.

--Además, es que no hay trabajo.

--Yo tengo trabajo.

--Usted no es mi hija.

--Ni usted es mi abuela.

--Tampoco fumo.

--Ahí le doy la razón. Buenos días.

--Buenas tardes.