El martillo, el clavo y el tonto

1 marzo 2011

Etiquetas: cosa pública

No sé dónde leí el otro día que si tu única herramienta es un martillo, todos los problemas te parecerán un clavo. Me parece un buen razonamiento, pero incompleto. Por pocas herramientas que tengas, para que todos los problemas te parezcan clavos debe cumplirse otro requisito: tienes que ser tonto.

Para que la situación de Túnez, por ejemplo, te parezca un calco de la transición española, no basta con tener pocas herramientas. También hace falta ser tonto. Lo digo sin acritud, de verdad. Quienes llevan varios meses leyéndome saben que no soy tendencioso. Tengo mis ideas, naturalmente, pero procuro ser ecuánime y, a tenor de los comentarios, creo que lo he conseguido. Y creo que sigo siéndolo cuando afirmo que si Rodríguez Zapatero cree que Ghanuchi es comparable a Arias Navarro, entonces nuestro presidente es tonto. Ahora bien, no creo que un tonto pueda ganar un Congreso Federal del PSOE y dos elecciones generales. Luego niego la mayor: no creo que el presidente crea en serio que existe algún paralelismo entre el Túnez de 2011 y la España de 1975. Ergo, a sabe por qué dice algo que no cree. Que alguien me lo aclare.

Zapatero, por pocas herramientas que tenga, sabe que Franco murió en su cama y Ben Ali ha salido por piernas. Sabe que en Túnez hubo una revolución y en España, luto oficial. Sabe que Arias Navarro cesó tras una discusión con el Rey y Ghanuchi dimitió tras varias manifestaciones en su contra, muertos incluidos.

Zapatero, aunque manifieste una tendencia a ver clavos, sabe que Falange era un partido de tradición fascista y el partido de Ben Ali formó parte de la Internacional Socialista hasta hace un mes.

Vamos a ser justos. A las viejecitas de Europa, tanto a las democristianas como a las socialdemócratas, nos han parecido de cojón los Ben Ali, los Mubarak y los Gaddafi. Nos siguen resultando fetén los Emiratos Árabes Unidos. A unos les entusiasma la Cuba de los Castro y a otros, hasta hace cuatro días, el Chile de Pinochet o la España de Franco. La hipocresía es patrimonio de la humanidad. Pero, coño, eso no es motivo para confundir un martillo con una sierra de arco. O un clavo con una palomilla. No es lo mismo.