El cáncer, la RAE y Esperanza Aguirre

21 febrero 2011

Etiquetas: cosa pública toñi, pichote y compañía

Esperanza Aguirre. Foto: Wikipedia

Querida Toñi:

Mira que eres bruta, jodida. Al enterarte del cáncer de Esperanza Aguirre, no puedes negarlo, has dicho:

--Mejor. Un voto menos.

Aclaremos, para quien no lo sepa, que eres alto cargo por un partido que, obviamente, no es el de la señora Aguirre. Un comentario así en combinación con un micrófono abierto podría haberte salido muy caro.

Afortunadamente para ti, no había micros en la barra del bar, así que nadie atribuirá a tu exabrupto otra naturaleza que la de un chiste fácil, negro y socarrón.

Lo que sin duda llama la atención del comunicado de Aguirre (a la que deseo, no faltaba más, una feliz recuperación) es lo directo de los términos. No es frecuente que los afectados, ni sus familiares ni allegados, nombren directamente el cáncer. En su lugar, suele recurrirse a algún eufemismo.

Esto me trae a la cabeza la insólita petición que un grupo de médicos y periodistas elevó, hace unas semanas, a la Real Academia Española. Básicamente, estos señores quieren que deje de utilizarse el circunloquio larga enfermedad para referirse al cáncer. Así que han pedido a los académicos, sin despeinarse ni nada, que eliminen la cuarta acepción para el término del Diccionario. Esa que dice proliferación en el seno de un grupo social de situaciones o hechos destructivos.

Vamos a analizar la cuestión. Resulta que la palabra cáncer se usa poco en los medios de comunicación por sus connotaciones negativas. Tiende a ser sustituida por eufemismos. Estos oncólogos y periodistas consideran que esto es una pena, porque contribuye a que pacientes y familiares mantengan una actitud de ocultación, como si el cáncer fuese algo indecoroso. Hasta aquí, es probable que tengan razón. El problema viene cuando formulan su brillante solución al problema: que la RAE elimine las connotaciones negativas del término, así, por decreto.

Naturalmente, los académicos han explicado a los biempensantes que la Academia no tiene el poder de cambiar las acepciones de una palabra. Más bien al contrario, su misión es documentar el uso del lenguaje. Algunos de los oncólogos y periodistas, por lo visto, ha montando en cólera, llamando neoliberales a los lingüistas, por dejar que la Lengua se autorregule y negarse a gobernarla.

La actitud de la señora Aguirre, en mi opinión, es mucho más eficaz. Si no le gustan los eufemismos, hace bien en no utilizarlos. Si cree que cáncer es compatible con optimismo, lo dice abiertamente, en lugar de pedir medidas legislativas a las presuntas autoridades. ¿Por qué no hacen lo mismo los oncólogos y periodistas agrupados, si tanto les preocupa? ¿Es que no pueden usar la terminología que les parezca apropiada, al hablar con los pacientes unos y al escribir en los diarios otros? ¿Tan difícil es tratar de impulsar un cambio social con el ejemplo, de forma independiente, sin pedir auxilio continuamente a la Administración?