Contrarréplica a El martillo, el clavo y el tonto

2 marzo 2011

Querido Horacio:

Ya me extrañaba a mí que no contestases a mi artículo. Debí suponer que emplearías para tu respuesta la UTB (Unión Temporal de Blogs). Bien hecho.

Agradezco tu crítica acerca de mi afición por el rigor expresivo, que consideras excesiva. La tendré en cuenta, de verdad. Seguramente tienes razón, en algunos casos. Reconozco que en ocasiones he forzado mucho la interpretación para mostrar el lado cómico de un eufemismo o neologismo. Pero creo que, en general, el rigor lingüístico es un buen antídoto contra la nosofobia: el terror al conocimiento. En ocasiones es una fobia genuina, pero habitualmente obedece a la conveniencia de no comprender una determinada realidad, para no incurrir en contradicción con lo que uno (o la organización ideológica de referencia de uno) ha venido defendiendo.

Dicho de otro modo, las excesivas simplificaciones se relacionan en muchos casos con el horrible prejuicio, que hemos comentado alguna vez, según el cual rectificar es un acto de debilidad. Aquí no rectifica ni Cristo, aunque sea a costa de negar sistemáticamente la evidencia. Te ahorraré los ejemplos, que seguro que acuden con fluidez a tu memoria.

Volviendo al tema, crees que incurro en este exceso de rigor al decir que meter en el mismo saco a todas las dictaduras es un gravísimo error. Gravísimo, añado, porque resulta peligroso. En contraposición, y después de aceptar que la especifidad tiene su importancia, defiendes que también es importante destacar los puntos comunes, entre ellos los éticos: toda dictadura es necesariamente inmoral en la medida en que atenta directamente contra la dignidad y la libertad de las personas.

Si, despreciando los matices a efectos de condena moral, entendemos por dictadura cualquier régimen no democrático, incluyendo por tanto las monarquías absolutas (como Catar), las organizaciones tribales (como los Yanomami), los sistemas de partido único (como Cuba), las organizaciones de liberación nacional de corte militar (como el Frente Polisario) y las aristocracias (como el Vaticano), tendremos que convenir que Zapatero es un hipócrita y/o un inmoral por negociar con Catar y aplaudir la (hipotética) transición hacia la democracia en Túnez sin apenas bajarse del avión, al tiempo que mantiene un concordato con la Santa Sede. Tendríamos que aceptar, además, que los partidarios de no contactar con las tribus aisladas del Brasil estarían al mismo nivel moral que los defensores de Gadafi.

Los matices, como ves, son importantes. Importantísimos. Fundamentales.

Esta simplificación tan aberrante permite a periodistas afirmar, sin ruborizarse, que el régimen de Marruecos es una dictadura, sin que valga la pena profundizar más, al tiempo que percibimos como un abismo insalvable las diferencias entre el PP y el PSOE, o entre la UE y los EEUU.

Esta actitud, de la que reconozco que yo también participo, que nos lleva a analizar con todo detalle lo que ocurre en nuestro entorno cercano y a simplificar alegremente en los demás casos, tiene un nombre: etnocentrismo. En nuestro caso, eurocentrismo. Realidad peligrosa, porque potencialmente conduce al nacionalismo exacerbado e incluso al racismo. El primer paso hacia el odio es la ignorancia; y la peor ignorancia es la libremente elegida.

Si la historia de la humanidad tuviera un año, la democracia supondría diez minutos. Renunciar a conocer el detalle de toda la historia anterior aplicándole alegremente la etiqueta "no democrático, ergo no digno de estudio" es irresponsable y peligroso y responde a un narcisismo cultural subido. Añadamos que, incluso hoy en día, menos de la mitad de los seres humanos viven en naciones genuinamente democráticas, lo que hace aún más necesario comprender las diferencias entre unos regímenes y otros.

La democracia no es un regalo divino, ni un instinto grabado en nuestros genes. No es el estado primitivo o natural de una sociedad. La democracia es un invento europeo, perfeccionado en América y exportado con un éxito relativo a otros lugares del globo. Requiere, para su implantación de forma sostenible, de unas ciertas premisas. Burguesía, desarrollo urbano, educación generalizada y agua corriente, por ejemplo.

Es estúpido pensar que la democracia es el único sistema legítimo. Un régimen se legitima por su sostenibilidad en el tiempo. Si un modelo no democrático se mantiene durante años sin tener que sacar los tanques a la calle continuamente, permitiendo un desarrollo razonable de sus ciudadanos en lo personal, lo familiar y lo profesional, no queda más remedio que concederle cierta legitimidad.

Por lo tanto, por impopular que parezca, sostengo que el régimen de Ben Ali era legítimo mientras su población lo consintió, y dejó de serlo en algún momento de los últimos dos meses. También sostengo que la dictadura de Franco fue legítima en sus postrimerías, aunque no lo fuera en su implantación. Igual que el régimen soviético, el chileno de Pinochet o el cubano de los Castro. El de Gadafi, sin embargo, perdió su legitimidad al requerir una dosis insostenible de violencia para mantenerse. Puede ser impopular, insisto, pero es, básicamente, el criterio de la ONU. También el mío.

Para tu tranquilidad, este concepto de legimitidad no es dimórfico, sino que acepta gradación. Existen regímenes más legítimos que otros. En España ya inventamos hace ochenta años el término dictablanda, precisamente porque no todas las dictaduras son iguales. Podemos utilizar tu frase: toda dictadura es necesariamente inmoral en la medida en que atenta directamente contra la dignidad y la libertad de las personas. Cambiaría inmoral por ilegítima, pero mantendría y subrayaría en la medida. La medida es importante.

Me está quedando un post interminable, pero estoy seguro de que sabrás disculparme. Deja que me centre en tu respuesta. En primer lugar, insistes muchísimo en recalcar que el contexto de las declaraciones de Zapatero era informal. Qué quieres que te diga, una tontería es una tontería, y una sensatez es una sensatez, en cualquier contexto. Y, cuando uno es presidente del Gobierno y habla con periodistas, lo de informal también hay que matizarlo. Pero lo que no entiendo es por qué, después de insistir en el carácter informal de la declaración, te afanas a continuación en defender su veracidad. Estás usando dos argumentos opuestos para defender la misma idea, lo que me lleva a pensar que no estás defendiendo en absoluto la idea, sino tal vez a la persona que la produjo. Algo que, por cierto, guarda un asombroso paralelismo con otra reciente declaración de Zapatero (parafraseo): "La limitación de velocidad a 110 Km/h es temporal y ojalá la retiremos lo antes posible. No obstante, es una medida que sólo traerá consecuencias positivas". ¡Coño! ¿Por qué querrá este señor retirar lo antes posible una medida tan conveniente? Tu doble argumento, Horacio, es parecido. Parafraseo de nuevo: "No deberías analizar con tanto rigor unas declaraciones informales. En realidad no ha querido decir eso. No obstante, y por si esto no te convence, paso a demostrarte justo lo contario: que dichas declaraciones son totalmente cabales y rigurosas".

Hasta aquí, he tratado de contestar a tu primer argumento, es decir, que la falta de rigor es disculpable en este caso. Vamos a por el segundo, a saber, que "la analogía no chirría tanto". Me apoyaré en más declaraciones del Presidente:

Zapatero cree que Túnez puede ver en la Transición española un "modelo" a seguir, por lo que está dispuesto a ofrecer expertos para la elaboración de una nueva Constitución
Aquí queda claro que Zapatero no establecía una analogía casual entre un Presidente del Gobierno y un Primer Ministro, sino que está comparando las dos transiciones.
"Zapatero ha asegurado que hablaba con "emoción" al ver como Túnez ha emprendido "un proceso ejemplar de cambio pacífico".
En realidad, en las revueltas de Túnez ha habido 30 muertos, entre suicidas y manifestantes abatidos, así como varios centenares de heridos. Cifras quizá discretas teniendo en cuenta que se ha tumbado a un dirigente, pero en absoluto comparables a las de España, mucho más tendentes a cero (salvo, naturalmente, que consideremos las víctimas de terrorismo).

Ya para terminar (por ahora), respecto a mi respuesta a Raquel, en la que afirmo que la comparación entre España y Túnez es una falta de respeto hacia los socialistas que combatieron a Franco, voy a tratar de explicarme mejor, aunque no me apetecía meter el dedo en esta llaga.

El partido de Ben Ali formaba parte de la Internacional Socialista hasta el 18 de enero de 2011. Zapatero no sólo es Presidente del Gobierno de un país que jamás ha objetado nada contra la dictadura de Ben Ali, sino que también, como Secretario General del PSOE, ha sido socio hasta hace cuatro días del ahora llamado dictador. Cuando programó este viaje, pensaba reunirse con el entonces Primer Ministro Ghannouchi (qué complicada es la transcripción, lo que hace una letra), que, como tú mismo recuerdas, era un hombre de Ben Ali, en el cargo desde hace doce años. No debía de desagradarle mucho el interlocutor, aunque tanto le da reunirse con otro cualquiera.

Horacio, con la mano en el corazón, imagina que eres un opositor de Ben Ali desde hace años. Un joven demócrata tunecino cansado de luchar por la democracia. ¿Cómo te sentirías ante la visita de Zapatero, socio de tu enemigo, que ha sido el último en romper relaciones con el tirano y ahora pretende ser el primero en guiar a los tunecinos en su tránsito hacia la democracia? ¿No lo considerarías una ofensa? A este insulto, indirecto e hipotético, me refería.

Te lo explico en forma condicional:

Si
(p) los sucesos de Túnez son un calco de la transición española, es decir, Ben Ali es Franco, Ghannouchi es Arias Navarro y Zapatero es... un aliado de Franco que ahora dice que espera "que la democracia y la libertad sean el único lenguaje que conozcan en el futuro los ciudadanos" de la región
entonces
(q) los opositores democráticos (socialistas, comunistas, anarquistas o democristianos, tanto monta), que llevan muchos años combatiendo a Ben Ali-Franco, se cabrean.

Sin embargo, no parece que haya sentado mal a nadie la visita de Zapatero. Que sepamos, no ha habido desplantes, ni manifestaciones. Si p, entonces q. No q, luego no p.

El proceso (que no revolución, acepto tu corrección) de Túnez no es comparable a la transición española. Porque son sociedades radicalmente distintas. Ni siquiera está claro que Túnez vaya a evolucionar hacia la democracia. Los ciudadanos podrían conformarse con una dictablanda poco corrupta, o incluso aproximarse a un modelo islamista. Y, como he dicho antes, cualquiera de estas opciones será legítima. Como fue legítimo el gobierno de Ben Ali, hasta que el pueblo decidió que dejara de serlo.

Ya para terminar, y como aclaración, quiero dejar claro que no me parece inmoral, ni cosa parecida, que la Internacional Socialista admitiera a la Agrupación Constitucional Democrática, ni que España haya reconocido a Túnez, y siga reconociendo a Catar, Cuba o Marruecos, como Estados legítimos y soberanos. Únicamente me parece poco apropiado, incluso antiestético, que cuando todavía no se ha asentado la tierra que ha levantado Ben Ali al salir por patas, queramos dar lecciones a quienes lo han echado, sin siquiera reconocer que tal vez estábamos equivocados.